Gregorio Marañón Bertrán de Lis (Madrid, 1942) acaba de ser reelegido por el patronato de la Fundación Teatro Real presidente de esta institución; está al frente de ella desde hace diecinueve años, y de lo que más orgulloso se siente es que bajo su presidencia el teatro ha logrado « estabilidad y crecimiento ». «Mi principal labor -dice- ha sido representativa hacia fuera, y de decidido apoyo al equipo directivo que he conformado desde dentro. Sinceramente, partíamos con un doble problema; por una parte, setenta años de cierre, y, además, diez años de inestabilidad, con unos presidentes y sus equipos que apenas duraban un año. Hemos logrado estabilizar el teatro y, luego, darle el impulso que lo ha convertido en uno de los mejores teatros de ópera europeos. Ha sido un excelente logro del equipo directivo y de toda nuestra plantilla, al que me alegra profundamente haber podido contribuir».La reelección de Marañón para los próximos cinco años se produjo por unanimidad «y a propuesta del ministro de Cultura, con el apoyo de la presidenta de la Comunidad de Madrid y del alcalde de la capital -dice el jurista-; significa muchísimo para mí, especialmente en estos momentos de tanta polarización ».El Teatro Real es una de las principales instituciones culturales españolas -«según el Observatorio de la Cultura de la Fundación Contemporánea, se ha convertido en la principal ópera de nuestro país», señala orgulloso Marañón–. «El Teatro Real contribuye decisivamente a conformar el relevante conjunto de instituciones culturales de Madrid. Si no existiera, tendríamos que inventarlo. De lo que más orgulloso estoy es del magnífico equipo directivo que hemos conformado, con Ignacio García-Belenguer, como director general, y Joan Matabosch como director artístico». Presume también Marañón de «una excelente y motivada plantilla profesional –en 18 años no ha habido ninguna huelga–, y unos extraordinarios orquesta y coro, que dirigen Gustavo Gimeno -«creo que va a dar mucho juego», asegura- y José Luis Basso , respectivamente. Mientras tengamos el equipo actual, creo que el futuro del teatro está bastante garantizado. Este conjunto de cuatrocientas personas es el que ha hecho posible que, en apenas veinte años, el Teatro Real haya vuelto a ser una de las grandes óperas europeas».Avanza Gregorio Marañón su intención de plantear la renovación del director general y del director artístico antes de que concluyan sus contratos. «Me encanta que no terminen antes que yo, pero tampoco conmigo». La ópera ha tenido siempre -y tiene todavía- una imagen elitista. El presidente del Real piensa, sin embargo, que «los que califican este fenómeno cultural de elitista ignoran lo que es hoy la ópera . Los teatros se llenan con centenares de miles de espectadores al año, y se retransmite en los hospitales, colegios, plazas públicas, cines, televisión...» La renovación del público es siempre un objetivo en cualquier coliseo operístico. ¿Notan un rejuvenecimiento en este sentido en el Teatro Real? «Yo le diría que estamos en la media; es decir, ni es un público mayor ni es un público de jóvenes; para estos hay ayudas en las entradas… En cualquier caso, es un público que se está adaptando mucho mejor que en el pasado a lo que estamos haciendo. Yo estoy encantado con el público del Teatro Real». Y hay algo que Gregorio Marañón quiere destacar en cuanto a la programación. «Esta temporada, por primera vez, no hemos comprado ninguna producción; todas las óperas son producciones propias o coproducciones con otros teatros, eso dice mucho de la musculatura de la institución». El Teatro Real, reconoce, «ha tenido un bache económico, por culpa de la Covid, pero menor al lado de otros teatros, que nos ha dificultado poder equilibrar el presupuesto. Pero el año pasado hemos vuelto a estar en números negros, hemos tenido un pequeño superávit que pasa a las reservas de la fundación». Cuenta Marañón que actualmente el teatro se financia con un 35 por ciento de subvención pública, un 15 por ciento de mecenazgo privado, y el 50 por ciento restante viene de ingresos de taquilla. «No existe en Europa un teatro que tenga menos de un 55 o un 60 por ciento de financiación pública -presume-. En la prensa alemana e italiana se publicó un artículo que destacaba precisamente el sorprendente modelo de estructura institucional del Teatro Real».«El principal reto es consolidar lo que ya hemos alcanzado y proseguir la andadura con la misma e ilusionante ambición», asegura Gregorio Marañón. El año próximo se cumplen treinta años de la reapertura del Teatro Real como teatro de ópera (la gala inaugural fue el 11 de octubre de 1997) después de un silencio de más de setenta años (aunque entre 1966 y 1988 funcionó como sala de conciertos). «Vamos a celebrarlo, claro -dice Marañón- y a destacar lo que se ha hecho en estas tres décadas de actividad». No es Marañón, confiesa, una persona a la que le guste estarse quieto. No es partidario de tocar lo que funciona, y el Teatro Real «va muy bien», asegura, «pero me gustaría, al concluir este curso, darle una vuelta para ver qué cosas se pueden mejorar o replantear, y cuáles no han de hacerse de nuevo». Una de las cosas que no se plantea tocar, y que fue uno de los debates planteados hace treinta años, es el modelo de teatro : de temporada, como es ahora (cada producción se programa de forma concentrada en un periodo específico de tiempo con un número limitado de funciones consecutivas o casi consecutivas) o de repertorio, como el Metropolitan neoyorquino o la Ópera de Viena (con títulos ya producidos o estrenos que se ofrecen dispersos a lo largo de la temporada). «Creo que el teatro está funcionando bien como está ahora, y no se plantea un cambio en ese sentido».



